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El Efecto Dominó de Ormuz: Del «Kilómetro Cero» a la Canasta Básica Colombiana

El Efecto Dominó de Ormuz: Del «Kilómetro Cero» a la Canasta Básica Colombiana

El Efecto Dominó de Ormuz: Del «Kilómetro Cero» a la Canasta Básica Colombiana

3 de junio de 2026

En la arquitectura del comercio moderno, la distancia física se ha convertido en una variable engañosa. Durante las últimas tres décadas, la hiperglobalización nos incrustó en una narrativa de fluidez absoluta, donde las fronteras eran meros trámites y los océanos, autopistas infinitas de bajo costo. Sin embargo, la realidad geopolítica reciente ha roto ese hechizo.

La estabilidad de un hogar en Bogotá, la viabilidad de una PyME en Medellín o incluso el costo del transporte público ya no dependen exclusivamente de las decisiones del Banco de la República o de las políticas del gobierno de turno; dependen también, en una medida alarmante, de la estabilidad de un pequeño brazo de mar ubicado a más de 13.000 kilómetros de distancia: el Estrecho de Ormuz.

Como menciona la película El efecto mariposa: “Se dice que algo tan insignificante como el aleteo de una mariposa puede provocar un tifón al otro lado del mundo”. La hiperglobalización convirtió esa metáfora en una realidad económica. Hoy, cualquier conflicto geopolítico en otro punto del planeta puede impactar significativamente las economías interconectadas, incluso aquellas que aparentemente no tienen relación directa con el problema.

¿Qué es el Estrecho de Ormuz y por qué es clave?

El Estrecho de Ormuz no es solo una referencia cartográfica del Medio Oriente; es uno de los principales puntos estratégicos del comercio internacional y de la economía global. Desde la óptica logística, puede entenderse como el “Kilómetro Cero” del sistema energético mundial.

Cualquier alteración en este nodo geográfico genera un efecto dominó sobre los costos de producción, transporte y consumo en países tan lejanos como Colombia. Por ello, resulta fundamental analizar cómo la tensión geopolítica entre Irán, Estados Unidos e Israel puede afectar directamente a economías que, aparentemente, no tienen participación en el conflicto.

El “Kilómetro Cero” de la economía global

El concepto de “Geografía del Poder”, desarrollado por autores como Robert Kaplan en The Revenge of Geography (2012), plantea que las naciones continúan condicionadas por sus limitaciones físicas y estratégicas. Ormuz representa el ejemplo más claro de esta premisa.

Con apenas 33 kilómetros de ancho en su punto más estrecho, este corredor marítimo moviliza cerca del 21 % del consumo mundial de petróleo líquido y un tercio del gas natural licuado. En términos de logística internacional y Supply Chain Management, el problema radica en su falta de alternativas eficientes.

Aunque existen oleoductos complementarios en Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, su capacidad resulta insuficiente frente al volumen total que atraviesa diariamente el estrecho. Esto convierte a Ormuz en un verdadero punto de estrangulamiento para el comercio energético mundial.

La teoría de los “chokepoints” o puntos críticos, desarrollada por Jean-Paul Rodrigue en The Geography of Transport Systems (2020), explica cómo estos espacios otorgan un poder desproporcionado a quienes los controlan. Por eso, incluso tensiones políticas menores pueden generar crisis inflacionarias globales en cuestión de horas.

Cómo afecta Ormuz al comercio internacional

Cuando aumenta la tensión en el Estrecho de Ormuz, el impacto no se limita al precio del petróleo Brent. El verdadero efecto se traslada rápidamente a toda la cadena logística mundial.

Las compañías aseguradoras marítimas incrementan las denominadas “Primas de Riesgo de Guerra”, elevando los costos operativos de los buques portacontenedores. Este aumento termina trasladándose a los importadores mediante recargos logísticos como el Bunker Adjustment Factor (BAF), relacionado directamente con el precio del combustible marítimo.

Dado que más del 80 % del comercio mundial se mueve por vía marítima, cualquier alteración en el costo del transporte afecta de manera inmediata sectores como: insumos agrícolas, materias primas industriales, alimentos, tecnología, textiles, calzado, y productos de consumo masivo.

Además, fenómenos como el “Efecto Látigo”, desarrollado por Lee et al. (1997), amplifican el problema. Pequeñas alteraciones en el suministro generan compras de pánico, congestión portuaria y retrasos globales que afectan especialmente a países dependientes de largas rutas oceánicas, como Colombia.

Impacto del Estrecho de Ormuz en la economía colombiana

Aunque Colombia no participa directamente en los conflictos del Medio Oriente, su economía sí absorbe sus consecuencias.

Uno de los sectores más vulnerables es el agrícola. Según el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural (2023), el país importa cerca del 70 % de los fertilizantes utilizados en el agro colombiano. La producción de fertilizantes nitrogenados depende fuertemente del gas natural, por lo que cualquier aumento en el precio energético incrementa automáticamente los costos de producción agrícola.

Esto significa que productos básicos como: papa, arroz, café, maíz y hortalizas, pueden aumentar de precio debido a factores geopolíticos completamente externos al productor colombiano.

Inflación importada y aumento del costo de vida

El aumento sostenido del petróleo también eleva el precio del ACPM y del transporte terrestre. En Colombia, cerca del 80 % de la carga nacional se moviliza por carretera, por lo que cualquier incremento en el combustible impacta directamente el precio final de los alimentos y bienes básicos.

Este fenómeno se conoce como inflación importada: un choque externo que termina aumentando el costo de vida de millones de familias colombianas.

Aunque podría pensarse que Colombia se beneficia por exportar petróleo a través de Ecopetrol, organismos como la OCDE advierten que estos incrementos suelen venir acompañados de una inflación de costos tan agresiva que terminan neutralizando los beneficios fiscales.

Para el ciudadano común, el aumento de regalías petroleras no compensa el incremento en:

  • el precio del transporte
  • los alimentos
  • los fertilizantes
  • ni el costo general de vida

¿Qué puede hacer Colombia frente a esta dependencia global?

Ante la vulnerabilidad que representa el Estrecho de Ormuz para la economía mundial, Colombia necesita fortalecer estrategias de resiliencia económica y logística.

1. Soberanía en insumos críticos

Es fundamental reducir la dependencia externa en fertilizantes y fortalecer la producción nacional de insumos agrícolas.

2. Diversificación comercial y nearshoring

Colombia debe consolidar alianzas regionales y fortalecer relaciones comerciales en América para reducir la dependencia de rutas euroasiáticas.

3. Transición logística multimodal

La reactivación ferroviaria y fluvial permitiría disminuir la dependencia del transporte por carretera y reducir la exposición al precio internacional del combustible.

Una reflexión sobre geopolítica y comercio internacional

La soberanía económica del siglo XXI ya no se protege únicamente en las fronteras nacionales. Hoy depende de la capacidad de comprender cómo funcionan los nodos estratégicos de la geopolítica global.

El Estrecho de Ormuz demuestra que el comercio internacional es una cadena profundamente interconectada, donde un conflicto localizado puede afectar el precio de los alimentos, el transporte y el costo de vida en países ubicados a miles de kilómetros de distancia. El llamado “Kilómetro Cero” del Medio Oriente parece lejano para Colombia, pero sus efectos terminan reflejándose diariamente en la economía de cada hogar colombiano.

Por: Carlos Andrés Pinzón Muñoz – Docente del programa Comercio Internacional

Ciencia y Tecnología / Educación / Eventos / Internacional

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